Ahora que tenemos una vacuna contra el COVID-19, ¿realmente se necesitan tratamientos?

Cuando la Organización Mundial de la Salud declaró el brote de COVID-19 como una pandemia en marzo de 2020, quedó claro que el nuevo coronavirus representaba una amenaza significativa para la salud mundial. Se sabía poco sobre cómo se propagaba el virus, a quiénes afectaba más la enfermedad y cuál era la mejor manera de prevenir la transmisión.

Investigadores de todo el mundo movilizaron recursos para obtener una mejor comprensión del virus y determinar la mejor manera de combatir la crisis de salud que se desarrolla. Se compartieron datos de secuenciación, se iniciaron investigaciones básicas y se iniciaron estudios basados ​​en la población. En menos de un año, la FDA incluyó la primera vacuna COVID-19 para uso de emergencia, lo que la convierte en la vacuna más rápida jamás desarrollada.

Desde entonces, muchas naciones de todo el mundo han tomado medidas para volver a los comportamientos sociales normales, relajando las pautas de cuarentena y alentando los viajes internacionales. Sin embargo, el virus aún representa una amenaza importante para la salud mundial y probablemente lo será en los próximos años.

Si bien los casos han disminuido en muchos países, China experimentó recientemente un resurgimiento de nuevas infecciones, lo que provocó que el país volviera a cerrarse. La carga global sobre los sistemas de salud sigue siendo alta, y algunos pacientes aún sufren infecciones graves o complicaciones posteriores a la infección. También hemos experimentado el impacto de variantes emergentes como Delta y Omicron, las cuales impulsaron aumentos repentinos de casos a nivel mundial y plantearon muchas preguntas sobre cómo las variantes afectarán la trayectoria de la pandemia.

¿Qué estrategias terapéuticas de COVID-19 se están explorando?

 Para hacer frente a estos desafíos, los investigadores han estado explorando diferentes estrategias terapéuticas para complementar los esfuerzos de vacunación y tratar a las personas actualmente infectadas. La mayoría de estos enfoques tienen como objetivo una proteína viral o una proteína de la célula huésped, y ahora hay más de 300 tratamientos para la COVID-19 en varias fases de desarrollo.

Cualquier enfoque que se dirija al virus se considera una opción más segura debido a la menor probabilidad de efectos no deseados. Pero la eficacia de una terapia dirigida a virus de este tipo podría verse afectada si el virus muta. Otra opción es apuntar a las proteínas celulares del huésped, como la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2). Sin embargo, el desafío aquí es que ACE2 se expresa ampliamente en múltiples órganos, como el hígado y el riñón, lo que plantea preocupaciones sobre el impacto potencial en el paciente.

Si bien el desarrollo de fármacos de molécula pequeña suele ser una opción más económica, el desarrollo de anticuerpos que se unen al virus para inhibirlo o neutralizarlo es otra estrategia que se está explorando, y algunos de los primeros tratamientos con anticuerpos demostraron ser altamente curativos en los pacientes. Sin embargo, el mecanismo de escape viral puede hacer que estos tratamientos sean menos efectivos. Para abordar esto, algunos grupos están buscando diseñar una modalidad que tenga poca afinidad con una sola variante, pero alta avidez en múltiples virus, inhibiendo así la infectividad viral a través de mutaciones.

Como se mencionó anteriormente, el desarrollo de un nuevo fármaco en tan poco tiempo está plagado de desafíos. Se están realizando varios ensayos en todo el mundo para identificar medicamentos reutilizados que podrían ser beneficiosos para los pacientes con COVID-19. La reutilización de medicamentos es una forma rápida y rentable de identificar un nuevo uso para un medicamento existente con un perfil de seguridad bien establecido. Por ejemplo, el antiviral remdesivir fue el primer fármaco reutilizado en obtener la aprobación de emergencia de varios países para el tratamiento de pacientes con COVID-19.

Convertir el potencial en éxito

La lucha contra la pandemia de COVID-19 es una prioridad para los investigadores de todo el mundo y, aunque la FDA ha autorizado varios tratamientos para el COVID-19 para uso de emergencia, se necesitan más desesperadamente. Los datos continúan analizándose, la colaboración es abundante y las soluciones de investigación viral de alto rendimiento  permiten que los medicamentos se desarrollen a un ritmo mucho más rápido que nunca. Para obtener más información sobre las estrategias que actualmente persigue la comunidad de investigación, lea nuestro documento técnico: ‘ Terapéutica COVID-19: demanda, desafíos y el futuro ‘.

Ir arriba